Más comisiones independientes a la australiana y menos “Pactos de la Moncloa”

En el día de cumpleaños de Graciela Fernández Meijide

Creo que la CONADEP, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, es la única política pública transformadora exitosa desde el regreso de la democracia en 1983. Y lo más interesante es que la CONADEP no fue producto de algún acuerdo político nacional, ni de consenso de partidos. En palabras simples, no hubo Pactos de la Moncloa.

Argentina llegó al 10 de diciembre de 1983 luego de transitar una década de violencia política sangrienta y a 18 meses del delirio de enfrentar una superpotencia en una guerra. Elegido en elecciones libres asume como presidente Raúl Alfonsín con la carga en su espalda de 53 años de gobiernos democráticos interrumpidos por seis golpes militares.

Este nuevo presidente tenía dos tareas que cumplir: alcanzar la paz social y encaminar a la Argentina en un proceso democrático estable. Se solía decir en esa época, “por cien años de democracia”. Con solo cinco días en el gobierno dicta un decreto creando una “Comisión Nacional que tendrá por objeto esclarecer los hechos relacionados con la desaparición de personas”. El decreto detalla los términos de referencia de esa Comisión y define cómo se conformará. Establece además que funcionará por 180 días y que al final de su trabajo debe emitir un informe final. Sus integrantes fueron (y los homenajeamos en este sencillo acto): Ricardo Colombres, René Favaloro, Hilario Fernández Long, Carlos Gattinoni, Gregorio Klimovsky, Marshall Meyer, Jaime de Nevares, Eduardo Rabossi, Magdalena Ruiz Guiñazú y Ernesto Sábato, que fue elegido presidente. A su vez, en representación del Congreso de la Nación participaron los diputados de la UCR Santiago López, Hugo Piucill y Horacio Huarte. Los tres lugares destinados al Partido Justicialista quedaron vacantes ya que rechazaron participar. El Premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel también desistió de la invitación a participar. A su vez fueron Secretarios Graciela Fernández Meijide, Daniel Salvador, Raúl Peneón, Alberto Mansur, Leopoldo Silgueira y Agustín Altamiranda. La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos fue la única organización de derechos humanos que participó de manera activa. Todas las demás contribuyeron al trabajo de la Comisión con excepción de las Madres de Plaza de Mayo que llamaron a no declarar, según describe Emilio Crenzel, investigador del CONICET y Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y autor de “La historia política del Nunca Más” (2008).

En sentido de agujas del reloj: Graciela Fernández Meijide, cuatro no identificados, Magdalena Ruiz Guiñazú, Ricardo Colombres, Marshall Meyer, Eduardo Rabossi, Jaime de Nevares, Ernesto Sábato, Gregorio Klimovsky, no identificado, Santiago López? y Daniel Salvador (Gracias a los que colaboraron con la identificación de algunos de ellos aquí). Foto: Todo Diarios, http://tododiarios.com/813540.

Dicho esto, ¿por qué la CONADEP sería la gran política pública exitosa de la democracia? O primero, qué significa exitosa. Elijo dos criterios: por la capacidad de transformar la vida de toda una sociedad y por su permanencia. En términos prácticos coincidimos todos, hoy sí, que esa política tuvo consecuencias que pacificaron el país, instauraron un ciclo democrático que se acerca a sus cuarenta años de vida. Hoy nadie se animaría a desafiarlo sin pagar un alto costo político. Por el contrario, hay agrupaciones políticas que no participaron y que la manipulan para su beneficio. Aún hoy escuchamos a políticos promover “una CONADEP de la corrupción” o de alguna otra cosa. Se convirtió en una marca de efectividad. Visto desde esta perspectiva no ha habido otra política pública con ese impacto. Alguno podrá mencionar el divorcio vincular, la asignación universal por hijo, el matrimonio igualitario, entre otras. Son todas trascendentes, pero su diferencia radica en que están orientadas hacia minorías de la sociedad. Otros podrán decir la Convertibilidad, porque permitió estabilizar la economía. En este caso tampoco. A la Convertibilidad decidimos desmantelarla a los pocos años. En estas décadas tuvimos tres reformas educativas, dos reformas del sistema jubilatorio, empresas públicas que se privatizan y se estatizan. Ahí tenemos los resultados logrados. Pienso en quienes siempre sugieren hacer las cosas tomando el atajo sin reparar mucho en cómo se implementan. La CONADEP (y los juicios civiles que de ella se desencadenaron) son aún hoy valorados en las democracias liberales del mundo como modelo en procesos de identificación de violaciones de derechos humanos, de administración de justicia y de transición democrática.

Descripta la CONADEP y explicado su contexto y logros me centro en lo que dispara este artículo y que es, en mi opinión, lo más trascendente: el cómo se logró. La CONADEP recurrió a un método que en su funcionamiento es idéntico al utilizado en Australia para gestar la mayoría de, sino todas, las políticas públicas que han venido transformando esta sociedad. Hasta la pandemia, Australia llevaba 29 años de crecimiento económico ininterrumpido, es el segundo país en desarrollo humano y es una de las sociedades más libres y democráticas del mundo. Cuando el Presidente Raúl Alfonsín convoca a la CONADEP, Australia comenzaba a modernizarse en base a estudios de comisiones independientes casi calcadas.

¿Estoy diciendo que Alfonsín imitó a Australia? Veamos. Alfonsín tomó dos decisiones. Una, sacar la comisión del ámbito del Congreso. La entregó a la sociedad civil representada por un arco de personalidades de alta reputación pública y la hizo funcionar en las oficinas del Centro Cultural San Martín. Dos, en su artículo La CONADEP treinta años después, Emilio Crenzel cita a Eduardo Rabossi (asesor presidencial e integrante de la CONADEP), quien afirma que esta Comisión recogía las experiencias de las comisiones especiales formadas en el Congreso de los Estados Unidos que son integradas por legisladores y personalidades de la sociedad civil. De hecho, dice Crenzel, al debatirse su creación en el Congreso, el oficialismo menciona ese antecedente poniendo como ejemplo las comisiones creadas para el “ensanchamiento de los terrenos del Capitolio”, “las reservas de bosques nacionales” y la “construcción del bulevar Gettysburg” alejadas del cometido de la CONADEP. En mi opinión, Alfonsín había entendido que las políticas públicas trascendentes y duraderas se alcanzan ampliando la conversación pública y buscando la verdad en base a evidencia y desmonopolizando a la dirigencia política de su diseño y gestión.

Australia tiene varias herramientas para el diseño de estas políticas públicas empezando por las Royal Commissions, siguiendo por la Productivity Commission, a las que se suman un sinnúmero de herramientas de consulta abierta a la sociedad que informan y nutren los procesos de toma de decisiones de políticos.

Las Royal Commissions son la figura más relevante de investigación pública sobre un tema específico que se convoca con una fecha fija de inicio y final. Se le otorgan poderes que pueden alcanzar la convocatoria de testigos que brindan su testimonio bajo juramento o requisitoria de documentación. Las Royal Commissions son convocadas por temas de gran relevancia nacional y con frecuencia controvertidos. Como referencia, en los últimos tiempos fueron convocadas para investigar el funcionamiento de bancos y el sistema de jubilación privada; para investigar la calidad de servicios adultos mayores; sobre violencia, abuso, abandono y explotación de personas con discapacidades; y más reciente, sobre el manejo de desastres naturales nacionales a raíz de los incendios de 2020.

El gobierno define los términos de referencia (el objeto de la comisión), provee los fondos y nombra a las autoridades que son seleccionadas en base a su formación e independencia. Nunca pueden ser políticos en funciones. En general son presididas por uno o más notables. Su trabajo consiste en reunir evidencia sobre el asunto a través de consultas con expertos, testimonios de involucrados, y hasta a veces confiscación de información y uso de información confidencial. Son en general filmadas. Los resultados de la investigación son publicados en reportes que contienen recomendaciones. Por su carácter público e imparcial estos reportes tienen gran influencia y sus recomendaciones son muchas veces adoptadas de manera total o parcial. De haber mediado una Royal Commission para analizar el funcionamiento de las AFJP argentinas se podrían haber incorporado modificaciones para mejorarlo. En cambio, en 2010, por decisión de un funcionario se desmanteló el sistema para manotear el dinero de los aportantes. Quizás hoy tendríamos un sistema sano y sustentable como el de Australia.

De menor rango pero significativa importancia es la Comisión de Productividad (Productivity Commission) que abarca un rango de temas amplio orientado a transformaciones de índole social o económica. Esta Comisión tiene tres principios: es independiente, es transparente y está abierta a toda la comunidad.

Nuestro contexto es bien distinto. En 2017, poco antes de ser votado Gobernador de la provincia de Buenos Aires con el 52% de los votos, Axel Kicillof escribió que la idea de ser como Australia era delirante. Meses atrás, en declaraciones públicas el Presidente de la Nación elogió al gobernador de Formosa Insfrán como “uno de los mejores políticos y mejores seres humanos”. Dijo también que Hugo Moyano es un gran dirigente gremial del que había que estar orgulloso. Semanas atrás, el Presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa sugirió que estaba dispuesto a violar la ley electoral a cambio de tener vacunas contra el coronavirus. Hoy, el modelo permanente es la pauperización. Argentina no era así, ni tenía dirigentes con tan limitada formación y visión.

Es difícil intuir qué piensa esta gente que es Australia. Australia era una tierra poblada de aborígenes, colonizada por inmigrantes de todo el mundo. Un tercio de su población actual nació en el exterior. Decidió ser próspera y feliz y nadie le regaló nada. Tiene enormes recursos naturales que aprovecha con eficiencia y mínima corrupción. No hay nada milagroso detrás de Australia. Solo instituciones sólidas en funcionamiento pleno.

Australia tiene también problemas. Rob Sitch es un autor y director de comedias muy inteligente. Es también actor. Los cinéfilos lo conocerán por ser el director de la película El Castillo (The Castle, 1997). The Castle, es la Esperando la carroza de Australia. Allí debutó en cine el actor Eric Bana. La productora de Sitch es creadora de Utopía, una comedia muy exitosa, una sátira de la burocracia estatal australiana. Rob Sitch interpreta a Tony Woodford, el CEO de la Nation Building Authority. En cada temporada, esta Agencia de Infraestructura Nacional aumenta su presupuesto pero al final de cada episodio jamás logra concretar una obra. La comedia gira en torno a las influencias de políticos, los lobbies empresarios, las propuestas delirantes del departamento de marketing y las comidillas típicas de las oficinas públicas que mucho antes conocimos por Antonio Gasalla y Norma Pons. Todo el sector público australiano evita ser ridiculizado por Utopía.

Tony Woodford al frente de su equipo en la Nation Building Authority. Foto: ABC Australian Broadcast Corporation

Dice Rob Sitch que la construcción de la Sydney Opera House en los años 1970s excedió siete veces el presupuesto original. En una nota comenta que “la única política de estado en Australia es ignorar el asesoramiento de expertos”. Dice también que los políticos hoy abusan de la creación de Royal Commissions por su imposibilidad de proveer neutralidad y de construir políticas de estado.

Con enorme brecha mediante, nuestras sociedades comparten temas y descontento por igual. Pero rescata Sitch, también, que cuando en Australia siguieron el consejo experto de otorgar independencia a la Reserva Federal (Banco Central) “dejamos de presionar para influenciar en sus decisiones”. A partir de ese momento el dólar australiano flotó con libertad y nunca más hubo inflación.

En sus comienzos la CONADEP contaba solo con la reputación de sus miembros. La desconfianza acerca de su utilidad era alta. Construyó prestigio mientras realizaba su trabajo. Así más gente se animó a hablar y comprometerse. La CONADEP dio por iniciada una etapa de vida democrática intensa, de libertades individuales y de expresión que se manifestó en la cultura. En 1994 se estrenó en Australia Priscilla, reina del desierto, un film famoso que por primera vez mostró a la sociedad australiana la diversidad sexual sin prejuicios. Cuando Hugo Weaving, Guy Pearce y Terence Stamp, protagonizando a dos homosexuales y un transexual, atravesaron el desierto de Australia en una casilla rodante para actuar en un hotel como drag queens, Batato Barea, Humberto Tortonese y Alejandro Urdapilleta hacía ya diez años que actuaban en los teatros de Buenos Aires. Éramos más libres que Australia.

El gobierno del Presidente Macri recreó esa atmósfera de libertad. Cualquiera pudo volver a hablar sabiendo que no le llegaría una inspección de la AFIP. No adoptó un modelo de comisiones independientes como el de la CONADEP. Como presidente ni siquiera tuvo la posibilidad de que la ex Presidenta le entregue el mando. Desde el primer día sufrió el asedio de la oposición a través de todas las herramientas a su alcance, incluida la violencia.

Macri, no obstante, adoptó una estrategia de mesas de diálogo por temas que permitieron revitalizar varios sectores de la economía, sobre todo el energético, el agropecuario e informático que hicieron crecer las exportaciones durante los cuatro años de su mandato. Nunca escuché a un empresario o trabajador quejarse del trabajo de esas mesas de diálogo. Quizás el acuerdo fiscal con gobernadores fue el más trascendente. Todo ese trabajo se abortó en agosto de 2019 cuando la mayoría de la sociedad pensó que estas cosas no eran importantes y decidió volver atrás. Mucho más atrás. Hoy ya tenemos un listado de abusos y desapariciones por la gestión de la cuarentena. Con los Fernández y Massa volvió la violencia. Los responsables son ellos, pero el mensaje de que todo lo hecho había sido inútil vino de la sociedad. Fue un mensaje claro cuyas consecuencias padeceremos por años.

Harta ver en la televisión a periodistas, politólogos, consultores, encuestadores y hasta neurocirujanos pedir por mesas de diálogo, Pactos de la Moncloa. El acuerdo que proponen es siempre amplio. Dicen aaamplio y hacen un círculo con los brazos. Porque cuando es amplio no es necesario que sea concreto. Es todo un abanico de vaguedades en el que nunca dicen qué es lo que hay que negociar. El ex presidente Macri declaró que estaba dispuesto a negociar cualquier cosa pero con la Constitución Nacional arriba de la mesa. Nunca escuché a ninguno de estos patriotas apoyar esa propuesta.

Yo tengo un acuerdo para proponer. Propongo lograr empleo en blanco total en cinco años y un desempleo de 6% en 10 años como tiene hoy Australia. La propuesta es acordar políticas basadas en evidencia que nos lleven a ese logro. El método es el de la CONADEP.

La CONADEP nos demuestra que no es el mero acuerdo lo que logra transformar una sociedad. Son otras cosas. Primero, la sociedad debe desear el cambio. Nadie le pidió la CONADEP a Alfonsín. Pero Alfonsín entendió que la sociedad demandaba paz, libertad y democracia. Fue él el que tomó el riesgo político de hacer lo que había que hacer a pesar de las oposiciones. Hoy, como pasó con Arturo Illia (y como pasará con Mauricio Macri) la sociedad los rescata y homenajea. Pero hicieron lo que había que hacer sin ningún acuerdo político espurio.

Segundo, la búsqueda de la verdad. El éxito de la CONADEP se explica porque la sociedad y sobre todo las víctimas de violaciones a los derechos humanos fueron confiando en el proceso que se seguía. La confianza se construye diciendo la verdad fundada en evidencia. La imposibilidad de decir la verdad es una de las mayores dificultades para tener una conversación pública adulta. Presten atención a esto que comentaba arriba. Los “analistas” siempre hablan de “las asignaturas pendientes”, “el gran acuerdo nacional”. Nunca hablan de poner la verdad arriba de la mesa.

Tercero, es necesario ampliar la conversación pública a toda la sociedad y sus instituciones. La CONADEP estaba abierta a cualquiera que quisiera aportar testimonios. El espacio de debate debe ser neutro.

Cuarto, los resultados de la evidencia recolectada se deben comunicar de manera clara y simple a la sociedad. Ernesto Sábato insistió que el Nunca Más debía ser un informe narrado en estilo simple. Fue un best seller. El informe tiene que entenderlo un alumno de escuela secundaria. Hay decenas de otros medios además: videos, redes sociales, reuniones, talleres, presentaciones públicas. ¡Y medios tradicionales de comunicación! El estado licencia cientos de señales de medios de comunicación a manos privadas para que cumplan con su rol esencial de informar a la sociedad. Si la sociedad hoy no comprende los problemas que padece es porque sus canales y radios no logran explicarlos de una manera sencilla y clara.

Desde la creación de la CONADEP pasaron 38 años. Hemos despilfarrado tiempo, dinero y esperanzas. Los grandes acuerdos nacionales que nos proponen desde la televisión son bullshit. Bullshit significa bosta en inglés, pero es la palabra usual para descalificar al que recurre al palabrerío pretencioso y sinsentido. Es solo con comisiones independientes, participación abierta e información basada en evidencia que podemos construir un debate transparente. Y sepamos que nadie moverá un dedo si no lo demandamos los ciudadanos.

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store